10 de septiembre de 20266 min de lectura

Cuando alguien busca «dentista en Avilés» desde el móvil, Google no le enseña diez enlaces azules. Le enseña un mapa con tres fichas encima. Esas tres se llevan la mayor parte de las llamadas, y el cuarto —que sale al pulsar «más sitios»— ya casi no existe.

La buena noticia es que entrar ahí depende bastante menos del presupuesto que el posicionamiento normal. La mala es que la mayoría de los negocios lo tiene a medio hacer y no lo sabe.

Cómo decide Google a quién enseña

Google lo publica en su propia documentación: ordena las fichas por tres factores. Conviene saber cuáles son, porque solo dos están en tu mano.

Distancia: la que no puedes tocar

Es la separación entre tu negocio y la persona que busca. Si alguien busca desde Sabugo, las fichas de Sabugo salen antes que las de La Magdalena, y no hay nada que hacer al respecto.

Esto tiene una consecuencia práctica que mucha gente no asume: no existe «ser el primero en Google Maps». Eres el primero para quien está cerca. Perseguir el primer puesto en abstracto es perseguir algo que no existe.

Relevancia: la categoría lo es casi todo

Es cuánto se parece tu ficha a lo que la persona ha escrito. Y aquí el peso no está repartido: la categoría principal manda por encima de todo lo demás.

Si tu categoría principal es «Clínica dental», sales cuando alguien busca dentista. Si es «Clínica» a secas porque te pareció más amplio, no sales. Ser genérico no te hace aparecer en más búsquedas: te hace desaparecer de las concretas, que son las que traen clientes.

Prominencia: cuánto se te conoce

Es lo conocido que es tu negocio, dentro y fuera de internet. Reseñas, menciones, enlaces, actividad. Es el factor más lento de mover y el que separa a los que llevan años de los que acaban de empezar.

Lo primero, y lo que más cambia: la categoría

Entra en tu ficha y mira qué categoría principal tienes puesta. Si la eligió alguien deprisa el día que la creó, hay bastantes posibilidades de que esté mal.

La principal tiene que ser exactamente lo que haces, no la familia a la que perteneces. «Fisioterapeuta», no «Centro sanitario». «Peluquería», no «Salón de belleza», si lo que haces sobre todo es cortar el pelo.

Después puedes añadir categorías secundarias para lo demás que ofrezcas. Pesan mucho menos, pero suman, y no perjudican. Lo que sí perjudica es poner de principal algo que no es tu actividad central.

Un detalle: si cambias la categoría principal de una ficha que lleva tiempo funcionando, el efecto puede tardar semanas y hay un periodo en que las posiciones se mueven. Es normal. No lo cambies dos veces en un mes por nervios.

El nombre del negocio: déjalo como es

Es tentador poner «Clínica Dental Avilés — Urgencias 24h» en lugar del nombre real, porque parece que ayuda a salir por más búsquedas.

Va contra las normas de Google, y las fichas se suspenden. Además, cualquiera —incluida tu competencia— puede reportarlo desde la propia ficha en dos clics. Es de las pocas cosas en marketing digital donde el riesgo es inmediato y la sanción, total: te quedas sin ficha.

El nombre va como está en la puerta y en las facturas. Punto.

Las reseñas: el ritmo importa más que el total

Las reseñas pesan, pero no de la forma que la gente cree. No es solo cuántas estrellas tienes: cuenta también la constancia. Dos reseñas por semana de forma sostenida valen más que veinte de golpe y luego cuatro meses de silencio, que además es un patrón que a Google le huele a comprado.

Tres cosas que funcionan:

Contestar todas las reseñas es, por cierto, una de esas tareas repetitivas que se comen la semana sin que nadie lo note. Si te está pasando, merece la pena medir cuánto tiempo te lleva realmente antes de decidir cómo resolverlo.

Las fotos, y una advertencia sobre ellas

Las fichas con fotos propias reciben más visitas que las que tiran de imágenes genéricas. No hace falta un fotógrafo: con el móvil, con luz de día y sin filtros, vale.

Sube la fachada —que es lo que la gente busca para reconocerte al llegar—, el interior, el equipo y lo que haces. Y súbelas poco a poco, no las veinte el mismo día: la actividad sostenida en la ficha cuenta.

Y ahora la advertencia. Las fotos hechas con el móvil llevan dentro, invisible, la coordenada GPS exacta de dónde se tomaron. Si subes una que hiciste en tu casa, estás publicando tu domicilio sin saberlo.

En Windows se quita con el botón derecho sobre el archivo → PropiedadesDetallesQuitar propiedades e información personal. En el móvil, la mayoría de las galerías permiten desactivar la ubicación en la cámara. Hazlo antes de subir nada, no después.

Lo que no sirve tanto como te van a decir

Las publicaciones de la ficha. Ayudan a que quien ya está mirándote vea que estás vivo, pero no mueven las posiciones. Publicar tres veces por semana no te va a subir en el mapa.

Rellenar todos los campos por rellenarlos. Completar la ficha ayuda, pero el reparto no es equitativo: la categoría, la dirección y las reseñas pesan mucho más que si tienes puesto que aceptas Bizum.

Las herramientas que prometen «posición 1 en Maps». No existe una posición 1, existe una por cada punto del mapa desde el que alguien busque.

Lo que sí, y casi nadie hace

Que tus datos coincidan en todas partes. Nombre, dirección y teléfono escritos exactamente igual en la ficha, en tu web, en el directorio del colegio profesional y en cualquier listado donde aparezcas. Si en un sitio pone «C/ San Agustín 1» y en otro «Calle San Agustín, nº 1», Google tiene que adivinar que eres el mismo negocio, y a veces no lo hace.

Es aburrido y funciona.

Que tu web diga dónde estás. La ficha y la web se refuerzan. Si tu web no menciona la ciudad en ningún sitio —ni en el pie, ni en los textos, ni en los datos estructurados—, le estás quitando una señal a Google.

Por dónde empezar mañana

Si solo vas a dedicarle media hora:

  1. Revisa la categoría principal. Es lo que más mueve y lo que más veces está mal.
  2. Comprueba que el teléfono y la dirección coinciden con lo que pone en tu web, carácter por carácter.
  3. Monta la forma de pedir reseñas. El enlace corto lo genera la propia ficha; imprímelo en un QR y ponlo donde se paga.

Con eso ya estás por delante de buena parte de tu competencia, que tiene la ficha creada y abandonada desde el día que la abrió.

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